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Llegan las notas escolares, ¿vendrán con premios o castigos?

Llegan las notas escolares, ¿vendrán con premios o castigos?

Como es habitual al final de cada trimestre, y en especial a final del curso, el debate entre las familias que se acercan a llevar o recoger a sus hijos a la escuela o instituto es sobre cómo deberían gestionar las notas cuando se las entreguen (envueltos de emociones, nervios y expectativas) y en función de las calificaciones obtenidas. Y como en todo buen debate, no hay una opinión uniforme de consenso, sino una amalgama de visiones diferentes.

Existe un gran número de familias a favor de premiar las buenas notas con regalos, ya sean materiales (ropa, juegos, etc.) u obsequios más experienciales como ir a cenar juntos a su restaurante favorito, unas entradas para el cine o darle un tiempo extra para estar con sus amigos/as. Habitualmente estas mismas familias castigarían por igual las malas notas, con penalizaciones como restringir su tiempo de ocio con amigos, con consolas de videojuegos, etc.

En el lado opuesto, se sitúan las familias que opinan que estudiar es la única obligación de sus hijos/as y no deberían recibir un premio si obtienen buenos resultados, sólo sus felicitaciones, ya que obtener esas buenas calificaciones ya es el premio a su esfuerzo. Pero, en el caso de recibir malas notas, si ven necesario un castigo por no haber cumplido con la que consideran única y más importante obligación.

Más allá de estas dos posturas contrarias más o menos claras, la mayor dificultad radica en cómo valorar si las notas son buenas o malas en sí mismas: ¿Debe ser comparada con las notas anteriores para ver la progresión? ¿Habíamos marcado un objetivo previamente para saber si lo hemos alcanzado? ¿Valoramos igual la buena nota de una asignatura que no le implica esfuerzo que la mala nota donde se esforzó de forma continua? ¿Si hay un suspenso ya valoramos todo el trimestre como malo?

La opinión de los expertos: ni regalos ni castigos

Los pedagogos parecen tener una postura mucho más consensuada al respecto y opinan que no debemos utilizar premios y castigos, en su lugar debemos explicar los niños que estudiar y esforzarse para conseguir buenas notas es importante para ellos mismos, ya que aprender tiene un impacto positivo en la vida de las personas y, en especial, en su etapa profesional. Estos profesionales animan a premiar con halagos y reconocimiento verbal a nuestros hijos/as por los méritos conseguidos en las notas y que sepan lo orgullosos que estamos de ello. En caso de querer dar un premio adicional, mejor que sea más “un detalle” que le haga protagonista, como planificar su excursión favorita, unas horas extra de juego o cocinar su plato preferido.

En cuanto a determinar cuándo son buenas o malas notas, profesores y pedagogos coinciden en que deben estar más basados en el esfuerzo que en el resultado final. Es el camino realizado, con esfuerzo y constancia, lo que da valor a la evaluación resultante, aunque ésta no llegue a ser tan buena como la que pensábamos conseguir.

Si recibimos malas notas, ya sean esperadas o inesperadamente, lo primero que tendríamos que saber hacer es cómo reaccionar al recibir las notas de nuestros hijos y cómo actuar para poder ayudarles. A continuación, reflexionar que el castigo no es una herramienta pedagógica que funcione a medio y largo plazo, sólo conseguiremos hacer sentir peor a nuestros hijos y no cambiará la problemática que haya originado esas malas evaluaciones.

Es mejor poder hablar con ellos tranquilamente, preguntarles qué creen que pueda haber sucedido y su propuesta para solucionarlo, haciendo que participe de la búsqueda de soluciones de forma activa para que sienta que puede dar un giro a esos resultados. Debemos mostrar apoyo e involucrarnos en ayudarle, comentando por ejemplo con su tutor/a la situación para encontrar vías de mejora y detectar recursos que puedan ayudarle en sus estudios, como informarle de técnicas de estudio que se adapten a su forma de aprendizaje, buscar un refuerzo escolar realizando clases con un profesor particular o resolviendo otras problemáticas que no le permiten concentrarse en sus estudios.