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La importancia de reír para aprender

La importancia de reír para aprender

Reír para aprender es importante porque la risa estimula el sentimiento de alegría y ayuda a la mente a estar relajada y a prestar atención con más interés del acostumbrado, por ello convertir una explicación seria en una explicación divertida, que incluya risas, rompe estereotipos, ameniza las lecciones, genera confianza y libera emociones tanto en estudiantes como en docentes y padres de familia.

Por lo anterior, en este escrito se le llamará “risa educativa” a la risa producida en clases con fines pedagógicos, entendiéndose que sus beneficios como el resultado de perder el miedo a hablar en público, producir mayor interés en las clases magistrales, realizar ejercicios prácticos con mejor concentración, tanto en el aula de clase como en las tareas en casa.

De este planteamiento, surgen preguntas que pueden refutar la idea de reír para aprender, pues si un estudiante ríe a carcajadas delante del profesor, se formaría el desorden. Sin embargo, romper el hielo con bromas, contar experiencias embarazosas, decir cuentos con gracias o simplemente ver un video y reír es positivo si siempre se indica que estas no son risas para promover el acoso escolar sino, por el contrario, son risas respetuosas, para que ciertas charlas no resulten abrumadoras.

Por consiguiente, tampoco será producto de asombro por parte de los padres ver reír a sus hijos en clases online, pues estas también pueden ser amenizadas con risas educativas con las que, en vez de perder el tiempo, se busque un aprendizaje autónomo, divertido y diferente.

De esta manera, las experiencias cobran valor si se toma el siguiente caso como ejemplo, de la importancia de aprender riendo:

A un maestro nuevo, se le pidió que observará las clases del centro en el que trabajaría para que conociera la metodología del instituto. Él se sentó a escuchar los discursos de sus colegas, sin embargo, no pudo aguantarse e intervenir en dichas clases diciendo “las imágenes de las mitocondrias parecen más unos mamarrachos que partes de la célula” y se echó a reír.

Luego, de dicho comentario, los estudiantes pensaron que iniciaría una disputa entre maestros, pero para sorpresa de todos, el docente titular soltó la risa también y comentó que la idea de las diapositivas era revelar que si un microbiólogo no toma bien una muestra ni usa los implementos adecuados las imágenes y estudios lucirán como mamarrachos.

Y aunque varios estudiantes habían pensado lo que se atrevió a decir el maestro nuevo, ellos tenían miedo de expresar sus ideas porque las clases generalmente eran muy serias.

Por lo que, del caso anterior, se infiere que, en ocasiones, se necesitan algunas risas para, como se ha venido explicando, romper el hielo, cambiar perspectivas y disfrutar de una interacción respetuosa, pero divertida entre docente y estudiante, porque reír desestresa y es un gesto mucho mejor de lo que parece.

Y este tema, si bien es el foco de este artículo, no es aplicable únicamente al área educativa, puesto que la “risa educativa” puede usarse en charlas de pareja, de jefes y empleados, e incluso, entre padres e hijos que cuenten sus anécdotas de la vida en el colegio, de cómo, a veces, perdían exámenes y recibían regaños, pero más que nada de cómo superaron el problema y de cómo hoy los recuerdos se convierten en “risas victoriosas” que se encuentran hasta en canciones que destacan que la vida es un carnaval, que no hay que llorar sino reír y, en realidad, la misma frase de Celia Cruz serviría para decir que la educación es un carnaval en el que no hay que llorar sino reír.